Y me dice por to la cara, que no soy capaz de escribir un microrelato. Pero bueno, vale que tengo faltas de ortografía. Las tengo porque no tengo tiempo para estar releyéndome, y dándole al "corregir" que te trae por defecto el programa donde escribas tú.
También me falta un minidedo, que se encargue de acentuar las esdrújulas correctamente mientras escribo en el teclado a la velocidad impactante de 250 pulsaciones -maldito verano del 98- Que si en vez de un teclao tuviera un piano, seguro que te sacó la melodía de Terminator del tirón.
Y me dice el soplagaitas, que los microrelatos son un chispazo de brillantez.
¡Es como correrte con los vaqueros puesto! no te jodes. Claro que yo tengo esa chispa. Mi segundo apellido es Chispeante... Ya escribí un par de microrelatos en su día y los mandé a concurso. Donde sospechosamente los concursos eran ganados por la misma persona, amiga y simpatizante de una asociación de escritores noveles, que colaboraba con la organización del concurso.:S
¡Ahora todos conmigo el estribillo de Alicia keys & Alejandro Sanz: Uhuhuhu!
Por eso no escribo y mando cosas a concursos, porque no tengo un minidedo que me corrija las faltas. Pero claro que tengo microrelatos, para achantarte la cara esa fea que llevas.
Si es que lo veo con sus gafas-pasta, y su cigarrillo haciéndose el culto y el bohemio, intentándose follar a la periodista de turno que trabaja por 30 pavos la columna, y que alardea que una vez le corto las uñas a Javier Bardem.
Bah!
Y este tipo, con su chaqueta y su barbita argentina, hablando de todo el mundo que ha visto y recorrido buscando historias... Pero no le cuenta que los billetes del AVE, se lo compró papito por internet.
En fin, que aqui tienes uno bocazas. Vaya... pa chiflar con los dos dedos y que le caigan dos piedras...
PROGRESA ADECUADAMENTE
Un día más llego a casa exhausto del colegio. Cansado. Las noches las paso despierto desde hace un semestre. Ni la pasiflora, ni la pavolina, ni la valeriana consiguen sedarme y borrar la imagen obsesiva de la cara de Eva; ya no me alegra sorber la espuma de la cerveza ni de la Coca-Cola. Mañana celebro mi octavo cumpleaños y no quiero ser un precoz depresivo, ni un insulso... Pero sé que jamás seré feliz si no la tengo a mi lado. Desgraciadamente no hay maestro que lo entienda.
-¿Qué te pasa? -Pregunta madre desde la cocina.
-Estoy enamorado –Confieso como un cobarde.
-¿Y cómo lo sabes?
-Porque cuando la veo, me cuelgo la mochila de un asa.