Deforma la botella de plástico de agua con la mano. -Ahora deberías estar acariciandome idiota- Se dice para si misma.
jueves, 4 de marzo de 2010
LO SIENTO. -Contenido Erótico-.
Deforma la botella de plástico de agua con la mano. -Ahora deberías estar acariciandome idiota- Se dice para si misma.
martes, 23 de febrero de 2010
PSSSS....
viernes, 19 de febrero de 2010
viernes, 5 de febrero de 2010
MERIENDAS
Yo hay cosas, que no me explico. Y no me quiero poner en plan ecológico, ni estilimiqui, ni princeso.
sábado, 30 de enero de 2010
Los Cd's son para las terrazas, balcones y ventanas.
Ahora resulta que el que apoya la piratería “No ama la música.” Me parece que esto lo ha dicho
Lo que tenéis que dar son mas conciertos, en bares, en pueblos, en ferias y palacios de congreso.
viernes, 29 de enero de 2010
QUERIDO ADENOMA
Laura se ha despertado a las ocho y media de la mañana. Ha tomado una nube; leche con un poquitín de café. Se lo ha preparado Juan, su novio, y padre de su hijo Aarón de seis años. Juan es un medio-calvo afeitado con perilla, un pestañas-largas de ojos verde oliva. Un inteligente tontaina con su encanto particular.
Juan aparte de la nube le ha preparado un cruasán con mermelada de frambuesas. Pero los cuernos no han sido mordidos, ni siquiera pellizcados. El apetito no acompaña a Laura. La verdad que levantarse un sábado para ir a recoger unas mamografías, no tiene que abrir el apetito a nadie. Y más pensado que el bulto del seno derecho puede ser un tumor.
Laura es una chica bonita, de piel blanca moteada por unas pecas. Tiene un pelo negro liso que se peina con las manos antes de cerrar la puerta. Cuando le preguntan que cuando cumplió los treinta, siempre dice que cuando se les terminó los veintinueve. Es difícil acertar su edad, aún conserva el olor a Nenuco y un circo en sus ojos. Se va.
Juan le da el desayuno al niño, un Cola-Cao y un bollito con mantequilla. Aarón aúlla que no le gusta la fruta espachurrada. Así que nada de mermelada. Juan solo toma un vaso de leche con jalea real. Tiene un pellizco en el estómago. Las cosas no van muy bien. Tiene problemas en el trabajo, y llega justo para pagar la hipoteca. Los setecientos cincuenta euros que gana Laura más los suyos, no son suficientes. Piensa en vender el coche. Piensa que todo es una puta mierda. Y más mierda y puta sería si a Laura le diagnosticaran un tumor.
Pone la chaqueta a Aarón mientras le da el último sorbo al Cola-Cao frío. Y como cada sábado, si hace bueno, dan una vuelta por el paseo marítimo a que les dé un poco el sol. Hoy sin Laura.
La comisura del eterno perecer de la ola se marca en la arena por las zapatillas de unos futuros policías, que corren detrás de sus sueños. También hay chicas patinando, las torpes ríen en el suelo. Chuchos que olfatean las esquinas, mientras que cuatro Marías comen pipas. Las parejas pasean agarradas de la mano con gafas de sol de imitación que compraron a un vendedor nigeriano por las terrazas de verano. Otros achinan sus ojos por la claridad del día, no ven al chico de silla de ruedas. Tropiezan. Disculpas aceptadas.
El kiosco esta lleno de niños comprando helados y refrescos. El paseo marítimo es un gran teatrillo de personajes sorprendentes.
Lo que más le gusta Aarón es pasear cerca de las piedras, donde los gatos se esconden y juegan entre las rocas erosionadas por un mar turbio y verde. El gato que más le gusta a Aarón es uno que hay atigrado y sin rabo. Juan le contó, que cuando Noé hizo el arca, el gato llegó tarde para entrar, Noe no lo vio y al cerrar la puerta pensando que ya estaban todos, le pillo el rabo. Para pedirle perdón por haberle cortado la cola, le regaló siete vidas. Aarón siempre se queda un buen rato observándolo, intentando adivinar cuantas vidas le quedan.
Después de un paquete de pipas y unos gusanitos de ketchup, se sientan en un banco frente al mar, al lado de una pequeña fuente y un lava-pies. Los dos callados cierran los ojos con una permanente mueca, como si estuvieran oliendo al sol.
Juan no puede relajarse. La hipoteca, Laura, el futuro de su hijo, el coche, la muerte reciente de un amigo punzan su corazón. No sabe cómo va a soportar todo lo que le queda. A veces piensas que es débil. Que debió haberse preparado unas oposiciones, para ganar un poco más de lo que gana. Al final, el dinero es lo que importa.
-¿Papi? -Interrumpe el hijo el monólogo interior del padre.
-Dime.
-¿Cómo han llenado todo eso de agua? -Dice señalando el vasto mar.
Juan se ríe, y le da un beso.
-Supongo que con una jarra muy grande.
El móvil vibra en el bolsillo de Juan. Sus piernas se apagan. Es Laura. Juan se levanta y se aleja del banco con el corazón en la nuez, le da una orden imperiosa al niño de que se quede bien quieto.
-Dime... –Contesta manteniendo el miedo a raya.
-Que nada, que es benigno...
- No, no digas eso que…–Juan lloriquea desmoralizado.
-No cielo, eso es bueno…benigno, es bueno… Que no te preocupes…
Un silencio. El corazón vuelve a su sitio, las piernas se conectan con el sistema nervioso.
-Menos mal...Tu teta derecha era mi preferida.
Laura y Juan ríen y hablan durante unos minutos. Hoy cenan pizza. Juan se despide con cuatro besos. Cuelga y se dirige hacia el niño con una sonrisa de anuncio de Colgate. Aarón le contempla.
-¿Qué pasa Papi?
-Que mamá esta bien... -Explota una sonrisa.
-¿Nos han dado otra vida como al gato, no?
-Si, hijo -Suspira entrecortado- Otra vida. Como al gato...
Juan anda con cierto compás de cuatro por cuatro, como si fuese un bailarín y todo lo de su alrededor siguiera su coreografía. Laura está bien. Se repite una y otra vez. Y a cada paso que da, más contento está. Laura está bien. Sólo le falta un coro de gospel que le acompañe dando gracias a Dios.
Mientras bailotea levemente, mira como cuatro hombres caminan con sus perros y tres canes pasean a sus amos. Juan observa a cada uno de los que pasean, y piensa en las historias que pueden encerrar cada uno de ellos, sus problemas, sus victorias, sus derrotas. Sus miedos y sus más oscuros secretos. Lo especial, original y singular que somos cada uno de nosotros. Para bien o para mal.
Lo que le parece curioso, es que todos comparten la misma sensación de soledad. Desde el que está paralítico empotrado en una silla de ruedas, al joven que juega en la barandilla con su monopatín. Seguro que una mujer tres metros más atrás, ha tenido una experiencia similar a Laura, o se ha llegado a operar de cáncer de mama. Podría haberle contado su experiencia y como se enfrentó a su dolor. Pero cada cual sigue su invisible senda empedrada. Vivimos en sociedad, pero morimos solos. Es curioso, vuelve a pensar Juan. Somos conocidos en un mundo de extraños. Si al final todos somos iguales. Compartimos las mismas historias.
Aarón ha llegado a casa sin golpear a ninguna paloma. Juan abre la puerta. La entrada huele a Nenuco. Laura está en casa. Se abrazan, se besan. Torremolinos, tortitas con miel, zapatos nuevos, música pop, arpegios de guitarra, Lisboa, se mezclan con la saliva del beso. La puerta se cierra.
-Qué asco. -Dice Aarón viendo como se besan sus padres.
Mientras, fisgonea en las bolsas de la mesa de la cocina- Evidentemente encuentra las pizzas.
Beicon, ternera y barbacoa, para Juan. Cuatro quesos para Laura. Y Jamón y piña para Aarón. No hay nada mejor como comer en casa. Los tres preparan las pizzas a su gusto, con más orégano, más tomate, y un poco de gusanitos en una porción para que Aarón calle con sus preguntas culinarias. Parece una de esas escenas felices de Coca-cola. Pero en casa de Juan en vez de Coca-cola, hay Té Verde marca Hacendado. Laura no quiere nada con gas. Nada más que las burbujas de la pecera del salón. Juan Luís llaman al pez.
Al terminar, Juan limpia la cocina. Esta vez sin refunfuñar. Laura baña a Aarón mientras practican las lenguas de los animales. Hoy toca el lenguaje de las ballenas. Juan se queja mientras friega el suelo. Ojala supiera hablar balleno.
Laura y Aarón se lo pasan en grande mientras juegan a ser cetáceos y mandar mensajes submarinos. Para hablar balleno es indispensable sumergir la boca y la nariz en agua. Las ondas sonoras lanzadas es una amalgama de saxofones, oboes, cornetas inglesas, guitarras, y pedorretas. Requiere de muchos baños y duchas para perfeccionar la dicción. Mientras se ponen en pijama repasan el pípi, el lenguaje de los pájaros. Los vecinos de arriba están hartos de las clases particulares a estas horas.
Juan baja la basura. Dos bolsas. Una, de botellas vacías para reciclar. Otra, con los desechos y porquerías del día. Que no lo son tanto para Ramón, que se lo encuentra de frente, el vagabundo alcohólico y ex -vecino del barrio. Juan suspira, y piensa que a Ramón le iría bien un par de clases de pípi, y hacerse amigo de algún pájaro para que le lleven volando a una nueva vida, lejos del vino y los container de basura. Lejos también, del recuerdo de la muerte de sus hijos y de su mujer. Mientras que Juan vuelve al portal, Ramón abre el cubo y busca la cena.
Juan sube por las escaleras e intenta calcular cuantas calorías tiene una porción de pizza y cuántos peldaños tiene que subir para quemarlas.
Se me está pegando esto de Laura, seguro. Mientras sube, Juan piensa en Ramón. A él seguro que no le preocupa las calorías. Ni las hipotecas. Juan reflexiona y dibuja en su rostro unas líneas de pena y desasosiego por Ramón. Afirma mentalmente: Voy a vender el coche. Voy a comprar uno de segunda mano. Y va ha sobrar un buen pellizco. Todo va ir mejor. Claro que sí. Mi familia no va a cenar entre la basura. Jamás.
Al entrar en casa, Juan escucha el principio del cuento que Laura narra a Aarón. En los cuentos de Laura puede aparecer el Hombre-Araña, como Neptuno, pasando por Hormigas gigantes. Lo admirable es que siempre hay una improvisada moraleja. Aunque la de esta noche se la pierda. Púes Juan se desnuda en el baño con la puerta cerrada. Aún conserva su vergüenza adolescente. Abre el grifo. No oye nada con los tímpanos taponados por el agua, los ojos se le cierran involuntariamente por las gotas que quedan atrapadas en las pestañas. El cansancio del día lo vence. Se lava los dientes.
Juan sale del baño oliendo más a nostalgia que a champú. Se pone el pijama, ese de pantalones de los ochenta y camiseta de propaganda. Las luces de la casa están apagadas. El cuento ha terminado. Conociendo a la madre, las hormigas ganaron. Aarón duerme. Se oye el televisor de fondo y los pasos descalzos de Juan acercándose al salón. El pez dormita en su castillo, no oye nada. Laura esta tumbada en el sofá echándose crema en las piernas, “Almendras dulces” pone en el taro. Lleva una camiseta ancha, dos tallas más a la suya estilo dance. Es negra con unos líneas magentas, amarillas y azules, las costura están roídas por las polillas. A Juan le encanta esa camiseta, porque deja ver un hombro y el tirante del sujetador. Laura es su reina de Saba.
-Gordo –hinchando las vocales- Van a poner una película. Y me han dicho las del trabajo que es muy buena. ¿Te apetece verla?
-No hay nada que me parezca mejor. ¿Sabes? Hoy estoy muy feliz.
-¿Por qué?- Lo mira con una sonrisa. Él es su Dandi.
-Porque hoy, al final. Ha sido un día cualquiera.
Laura besa armoniosamente a Juan. Degustan de la serenidad de la noche. Los besos son tranquilizantes como la valeriana pura. Los días cotidianos, a veces son, los más felices.
-¿Sabes nene? Me encantan tus ojos verdes –Dice Laura hechizada.
-Te los regalo. –Dice Juan entre beso y beso- Pero te los guardo yo.
Juan acaricia a Laura bajo las clavículas. Le dibuja un corazón en el pecho con el dedo. A ella se le eriza la piel. Las velas se apagan. Empieza la película.
-¿Cariño? –Pregunta a oscuras e interrumpiendo el clímax.
-Dime amor.
-Entonces, ¿El médico que te ha dicho que tienes?
Laura busca el mando a distancias a ciegas y baja el volumen del televisor.
-Un adenoma.
-Vaya nombre tan feo para una noticia tan buena…
Laura calla a Juan con un pico. Vuelve a subir el volumen. Los besos suenan mucho en casa, sobretodo, los días como hoy. Los de finales felices.
martes, 3 de marzo de 2009
Las ventanas temblaban y el viento chiflaba con fuerza, todo los vecinos miraban desde sus ventanas y balcones como el dedo de Dios revolvía todo lo que había a su alrededor. Es que déjenme que les diga que en Málaga no suele haber Tornados.
Por casa no pasó nada, pero a la mañana siguiente cuando fui a trabajar, había árboles cincuentenarios de raíces franquistas que estaban partidos y tirados en mitad de la calle, junto a contenedores y cubo de la basura. Bomberos y policías locales parecían trabajar y tomárselo en serio. Grupos de Asociaciones de Vecinos se reunían en el silencio de la tormenta, comentando los catástrofes provocados por el Avatar. Coches, ventanas, cornisas, motos y tejados quedaron requetebién jodidos.
Pero la verdad es que me parece bien que sucedan estás cosas –Que me perdone Victor, y no vaya a creer que le he deseado que una viga de hierro le atraviese el coche y desgarre su preciosa carrocería de cuero- Pero es cierto que siempre pensamos que las cosas suceden en el lado opuesto. El hambre, la guerra, los catástrofes naturales, son cosa de la tele de sobremesa. Y no.
No, caballeros y caballeras –arriba con el feminismo- Las cosas también nos suceden a nosotros y a nosotras. Y quizás una buena mañana, nos despertamos con el agua hasta los tobillos y con la ropa de la nueva temporada del zara empapada y encogida, por una riada que se esta llevando la casa a tomar por culo. O que un inesperado tornado te rompa las ventanas y las haga añicos, causándote profundas heridas en las manos por los cristales rotos. Por lo cuál el medico te dice con voz profunda: Ya no podrá tocar el piano. Y pierdes tu trabajo de pianista en un pub chill-out. Y Marta, la camarera de la barra, ya no te hace felaciones a puertas cerradas porque ya no le pareces chachi. Dejas de cobrar el paro, tu vida se va arruinando y acabas tirándote por un espigón cuando enciendes la televisión y ves que esta vez, eres tú el protagonista desgraciado que la vida se le truncó de la noche a la mañana.
La vida prepara sorpresas. Algunas nos gustan. Otras no tanto.
Cuando recibí el e-mail del Teatro Cervantes para la figuración de Boris Godunov de la Fura dels Baus. Abrí los ojos tanto como una cabra asomada a un monte. Genial pensé.
Volví a pisar las tablas de aquel maravilloso escenario. Volví a ver a las mujeres de vestuario remendando faldas y haciendo bajos para alguna Opera espectacular.
Fui un terrorista más que secuestra a novecientas personas en Moscú, luchando por la libertad de mis compañeros. Por mi patria. Por Chechenia. Con bombas, armas y mala leche encarné aquella situación de terror, que alguno que otro del público se lo tomo demasiado mal, saliendo del Teatro con ataque de ansiedad, confundido por lo real y lo ficticio.
Aprendí mucho con la Fura dels Baus. La seriedad, el disposición, y la concentración del actor. Si es que parece que tengo que estudiar las Oposiciones de Bombero para ejercer de Actor. El mundo siempre está del revés.
Aunque ahora estoy bastante entretenido con el Catalogo de Moda. Donde los chavales sueñan con ser famosillos autóctonos. Que alguien vea el album y diga: ¡Eh, ha este lo conozco yo!
Y es que a todos, en cierta medida, nos mola que te cagas el faranduleo. Y que se calle el bohemio de turno y diga que no.
Hace una semana me llamó un amigo de la Escuela de Arte Dramático (ahi hay algun bohemio que otro) Que tenía un papel para mí. Lo tuve que rechazar, me quitaba demasiado tiempo para los estudios.
Y es que aunque lo tuviera, las clases son agotadoras, ahora mismo estoy dando Matemáticas y Física. Que si energía cinética, que si Newton, que si el golpe de Ariete… Me hago cada paja mental, que el sábado empiezo con las clases particulares.
Entre la teoría de la continuidad (Q= S1·V1=S2·V2=S3·V3=Constante) de mis apuntes, esbozo una mujer en las esquinas de la libreta. O escribo alguna frase poética que se me ocurre al instante. "La saliva de tu boca, fue el jarabe que calmo mi voz y me hizo callar". La recorto, y la paso al Word, y la pongo en los labios de Eva, un personaje de treinta años que ha descubierto que su novio esta casado. Encima pierde el mando a distancia el mismo día. Depués de unos meses incrustada en su sofá tomando flores de Bach, decide ir a por pilas. Y estalla un epopeya que le salva de su depresión. Y que de paso, ahuyenta la mía.
Y es que esta oposición me esta quitando todo mi ocio. Llevo meses agriado del trabajo a la biblioteca, o a la academia. (Por eso no escribo en el blog) Hay días que me entran ganas de mandarlo todo a la mierda. Y montar un Kebab al lado de un butique de ropa de barriada. Y fumar crak con Maruja. La dueña de la butique.
Pero sé, que no hay gloria sin sacrificio, y como dice Nacho, mis sueños son mentiras que algún día dejaran de serlo. Y la verdad, que la vida de un bombero es una vida digna de emular. Aunque eso conlleve unos años de esfuerzo y un camino lleno de guijarros.
Mis amigos están también liados con sus novias y sus trabajos y hay dias que me faltan. O demasiados ocupados viendo Europa. Como está Juan José.
Wao -asi es como lo llamamos- es mi amigos de la infancia. Lo conozco desde los nueve años. Su parte izquierda del cerebro es la predominante, mientras que la mía es la derecha. Así que nos complementamos bastante bien. El necesita de mi y yo de él. Cuando la vida se nos hace incomprensible, nos ayudamos didácticamente con consejos difíciles de olvidar. Ahora ronda por Suecia. Un abrazo compadre.
Mientras el trota por el mundo, yo espero impaciente el curso de Buceador Profesional. Dura poco y me quitará de la rutina y un poco el hecho de menos tal. Tambien voy a la piscina, a reciclarme un poco y no tener que ir con manguitos el día del curso.
Lo que me gusta de entrenar en la piscina -Ya que también tengo que hacer 100 metros en 1’30 segundos para las pruebas fisicas de los bomberos- Es que cuando estoy abajo, entre burbujas No pienso abosulutamente en nada. Solo en nadar. Vacío mi mente. Bueno mentira, si que me pregunto algo: ¿Existirá algunas gafas que sean cómodas y no me saquen los ojos?
El otro día en la piscina –y lo siento mucho- me dio un repelus tremendo cuando vi, a un hombre con un tumor en el pecho del tamaño de la cabeza de un recién nacido meterse en el agua que minutos más tarde iba a sumergirme yo.
La verdad que es una putada. Como lo que le pasó a Luque. Luque es el dueño de la tienda de chucherías y prensa y de-todo-un-poco de mi urbanización. Lo conozco desde que tengo dientes y puedo comer chuches.
Con Luque mis amigos y yo, aprendimos mucho. Cuando estábamos solos, nos dejaba ver las revistas pornos con él. Comentaba las fotografías importándole bien poco que tuviéramos diez años. De él aprendí que hay mujeres que se ponen cachonda cuando les introduces un dedo en el ano durante la penetración.
Cada año, Luque, se va de vacaciones durante un mes. Brasil, Tailandia, Alemania, Cuba etc. Y vuelve renovado como cualquier otro autónomo después de unas buenas juergas y guateques privados en casa.
Pero hace meses, que la tienda sigue cerrada. Qué ya pasó las vacaciones. Así que pregunté a mamá que qué pasaba con él. Luque se muere hijo. Tiene cáncer.
La puñetera muerte de los cojones. Ultimamente se muere gente que antes no se moría.
Mejor es centrarse en la vida. Y más ahora que voy a ser ¡Tito! La verdad que estoy ilusionado por el nuevo miembro de la familia. Aun falta ocho meses para su incorporación. Pero todo estamos imaginando como será. La verdad, que no tengo muy claro cuál es mi papel. Supongo que soy el antagonista del Padre. O sea, si mi hermano es duro con él y, por ejemplo, no le deja beber alcohol. Yo le dejaré que beba de los culos de mis Gin-Tonic. O si es blando, yo seré el maligno semsei que le instruya. Y cuando cumpla los dieciocho años, le dejaré en mitad de Campanilla -Pueblo de las afueras- para que vuelva a casa solo. Sin teléfono movil, ni dinero. Demostrando que tiene cojones y que es un hombre. Y cuando llegue a casa después de unas horas andando, podamos brindar con copas con sangre de cervatillo -que tendrá que matar el mismo- la celebración del final de su adolescencia.
Con la noticia de mi futuro sobrino, me estoy poniendo al día con dvds, del maravilloso momento que es el embarazo. Y cuando los veo, me pregunto cómo la gente no cree en la vida después de la muerte. Si lo raro es que haya vida.
Que yo me convierta en tito, está bien. Pero que mis padres sean abuelos me da algo de sentimiento. No sé, padezco una amalgama de sensaciones hacia la vida, que jamás he sentido. será que estoy madurando. Digo yo vamos.
Así que si entras en mi habitación, no es de extrañar que me veas emocionado bailando a oscuras eso de I’ve been loving You too Long con una chica imaginaría que perdone lo capullo que soy a veces por ser un pirado de la vida, por querer vivir como un héroe y morir como un poeta.
Porque bailar a oscuras, es formar parte de la vibración del universo. Y eso es de gente madurisima. Digo yo vamos.