sábado, 30 de enero de 2010

Los Cd's son para las terrazas, balcones y ventanas.


Ahora resulta que el que apoya la piratería “No ama la música.” Me parece que esto lo ha dicho Alejandro Sanz. Y digo me parece porque es que tampoco quiero molestarme en buscar quien ha dicho tal gilipollez. Pero voy a utilizarlo como modelo para exponer lo que yo pienso. Coff coff.

A ver amigo mió, Tú y los demás artistas que son mega millonarios que dais conciertos en las capitales del mundo acosta de un álbum en el cual solo 3 canciones valen la pena de 12. No me saltéis con esa demagogia barata.

Para empezar yo no me compro un cd desde hace años por el siguiente motivo:

Me suelo ir a correr tres días a la semana por el paseo marítimo con mi fabuloso mp3 donde caben tropecientas canciones, es un aparatito que cabe en mi palma de la mano, bastante aerodinámico y ligero. Hago una selección de las canciones que me gustan de diferentes artistas. Porque así me ahorro de escuchar canciones de paja y de pegote, que los artistas meten con colaboraciones para no romperse mas los cuernos componiendo. (Ahora tendriamos que tararear todos por Alicia Keys lo de ohoohh -ohoohh)

Pero, claro, si “amara la música” debería ir con un lector de cd, del tamaño de una caja del Telepizza extragrande por todo el paseo marítimo. O si lo preferís me compro un carrito, y me llevo mi tocadiscos y mis vinilos y me voy a la pista del atletismo a escuchar a Elvis o Billie Holiday mientras me hago los 1000 metros.
O lleno mi maletero de CDS, y me estrelló cuando quiera cambiar de artista. Y dejó el usb, que trae de serie el coche para que se llené de tela de araña, porque como amo la música.

No en serio, ¡Esto me toca los huevos! que el gremio de los músicos se quejen tanto; es que entonces, según lo que están diciendo no existirían las bibliotecas. O nadie podría dejar un libro a otra persona, porque le esta robando los derechos. Porque, el que ama la lectura, debería comprarse el libro.
¿Alguien ha escuchado a un escritor, quejarse de que nos prestamos los libros?. ¿O qué vayamos a la biblioteca? Porque yo no.

Señores músicos -y sobre todo a los millonarios- lo que tenéis que hacer es poner los Cd’s más baratos. Y que los Estudios de música, ya no valen tanto, que mi amigo José, tiene uno en su habitación que vayaaa ni Briniespy esa. Y pa’ la gran cagada que hacéis la mayoría no necesitáis tanta pijotada.

Lo que pasa, que estáis muy a gusto en Miami haciendo 12 cancioncitas. Para luego iros de gira por Roma, Barcelona, Madrid, Buenos Aires. Así por la cara.

Lo que tenéis que dar son mas conciertos, en bares, en pueblos, en ferias y palacios de congreso.
Porque vivir de los Cd’s a 20 pavos la unidad, no lo consiente nadie. Que os habéis vuelto antiguos y viejunos en vuestro mercado.
Muerte a las discográficas que nos mintieron desde que salio en Cd y el Dvd con eso de que “Aguantará 50 años sin destruirse” “Caben 200 bibliotecas juntas” ¡Te quiere ir perejil! Deja una semana un cd afuera del forro. A ver los cincuenta años que te va a durar máquina, que sois unos máquinas.

Pero sí que aplaudo -que cuando escuché esas noticias del nuevo reproductor y la muerte de las cintas y radicasettes- que jamás pensé por un momento, que tal aparato, serviría TAN BIEN para espantar a los pajaros de las huertas de tomate y lechuga,  y alejarlas de las cornisas de casa.

Que os den por donde amargan los pepinos.



Atentamente.

El mono dorado.

viernes, 29 de enero de 2010

QUERIDO ADENOMA


Laura se ha despertado a las ocho y media de la mañana. Ha tomado una nube; leche con un poquitín de café. Se lo ha preparado Juan, su novio, y padre de su hijo Aarón de seis años. Juan es un medio-calvo afeitado con perilla, un pestañas-largas de ojos verde oliva. Un inteligente tontaina con su encanto particular.
Juan aparte de la nube le ha preparado un cruasán con mermelada de frambuesas. Pero los cuernos no han sido mordidos, ni siquiera pellizcados. El apetito no acompaña a Laura. La verdad que levantarse un sábado para ir a recoger unas mamografías, no tiene que abrir el apetito a nadie. Y más pensado que el bulto del seno derecho puede ser un tumor.
Juan abraza a Laura y la besa antes de cruzar la puerta. Laura tiene los labios de puzzle que encaja con la boca doblada de Juan. Él recuerda la primera vez que la besó. Fue como cuando desayunó por primera vez, unas tortitas con miel y nata en la planta de arriba en el restaurante de El Corte Inglés. Impulsivamente tocó la tortita con el dedo y notó la esponjosa masa bajo su yema, se lamió los labios loco de contento. Fue como la guitarra de Jimmy Hendrix. Como ver una película en blanco y negro con subtítulos y emocionarte como nunca. Fue como un viaje en autobús en la parte de atrás con los amigos dirección Portugal. O como cuando se puso por primera vez zapatos para ir a Torremolinos, incluso como la música de los años noventa. O como la primera vez que mezcló Pepsi con tinto. Fue Maravilloso.
Se conocieron en un concierto de Mecano, se derramó el calimocho, y desde aquel día, se puede decir que Juan está frito por Laura. Enamorado hasta las trancas.
Laura es una chica bonita, de piel blanca moteada por unas pecas. Tiene un pelo negro liso que se peina con las manos antes de cerrar la puerta. Cuando le preguntan que cuando cumplió los treinta, siempre dice que cuando se les terminó los veintinueve. Es difícil acertar su edad, aún conserva el olor a Nenuco y un circo en sus ojos. Se va.
Juan le da el desayuno al niño, un Cola-Cao y un bollito con mantequilla. Aarón aúlla que no le gusta la fruta espachurrada. Así que nada de mermelada. Juan solo toma un vaso de leche con jalea real. Tiene un pellizco en el estómago. Las cosas no van muy bien. Tiene problemas en el trabajo, y llega justo para pagar la hipoteca. Los setecientos cincuenta euros que gana Laura más los suyos, no son suficientes. Piensa en vender el coche. Piensa que todo es una puta mierda. Y más mierda y puta sería si a Laura le diagnosticaran un tumor.

Pone la chaqueta a Aarón mientras le da el último sorbo al Cola-Cao frío. Y como cada sábado, si hace bueno, dan una vuelta por el paseo marítimo a que les dé un poco el sol. Hoy sin Laura.
La comisura del eterno perecer de la ola se marca en la arena por las zapatillas de unos futuros policías, que corren detrás de sus sueños. También hay chicas patinando, las torpes ríen en el suelo. Chuchos que olfatean las esquinas, mientras que cuatro Marías comen pipas. Las parejas pasean agarradas de la mano con gafas de sol de imitación que compraron a un vendedor nigeriano por las terrazas de verano. Otros achinan sus ojos por la claridad del día, no ven al chico de silla de ruedas. Tropiezan. Disculpas aceptadas.
El kiosco esta lleno de niños comprando helados y refrescos. El paseo marítimo es un gran teatrillo de personajes sorprendentes.
Lo que más le gusta Aarón es pasear cerca de las piedras, donde los gatos se esconden y juegan entre las rocas erosionadas por un mar turbio y verde. El gato que más le gusta a Aarón es uno que hay atigrado y sin rabo. Juan le contó, que cuando Noé hizo el arca, el gato llegó tarde para entrar, Noe no lo vio y al cerrar la puerta pensando que ya estaban todos, le pillo el rabo. Para pedirle perdón por haberle cortado la cola, le regaló siete vidas. Aarón siempre se queda un buen rato observándolo, intentando adivinar cuantas vidas le quedan.

Después de un paquete de pipas y unos gusanitos de ketchup, se sientan en un banco frente al mar, al lado de una pequeña fuente y un lava-pies. Los dos callados cierran los ojos con una permanente mueca, como si estuvieran oliendo al sol.
Juan no puede relajarse. La hipoteca, Laura, el futuro de su hijo, el coche, la muerte reciente de un amigo punzan su corazón. No sabe cómo va a soportar todo lo que le queda. A veces piensas que es débil. Que debió haberse preparado unas oposiciones, para ganar un poco más de lo que gana. Al final, el dinero es lo que importa.
-¿Papi? -Interrumpe el hijo el monólogo interior del padre.
-Dime.
-¿Cómo han llenado todo eso de agua? -Dice señalando el vasto mar.
Juan se ríe, y le da un beso.
-Supongo que con una jarra muy grande.
El móvil vibra en el bolsillo de Juan. Sus piernas se apagan. Es Laura. Juan se levanta y se aleja del banco con el corazón en la nuez, le da una orden imperiosa al niño de que se quede bien quieto.
-Dime... –Contesta manteniendo el miedo a raya.
-Que nada, que es benigno...
- No, no digas eso que…–Juan lloriquea desmoralizado.
-No cielo, eso es bueno…benigno, es bueno… Que no te preocupes…
Un silencio. El corazón vuelve a su sitio, las piernas se conectan con el sistema nervioso.
-Menos mal...Tu teta derecha era mi preferida.
Laura y Juan ríen y hablan durante unos minutos. Hoy cenan pizza. Juan se despide con cuatro besos. Cuelga y se dirige hacia el niño con una sonrisa de anuncio de Colgate. Aarón le contempla.
-¿Qué pasa Papi?
-Que mamá esta bien... -Explota una sonrisa.
-¿Nos han dado otra vida como al gato, no?
-Si, hijo -Suspira entrecortado- Otra vida. Como al gato...
El azul del cielo se tiñe del color celeste de los suavizantes. Incluso el resto del día empieza a oler así. A lavanda. Las nubes son la espuma de leche de un capuchino sin cacao. La gente sonríe por el paseo, compartiendo la buena noticia de que Laura esta bien. Juan mira de lejos como Aarón asusta a las palomas. Ambos, comparten la repugnancia hacia ellas.
Juan anda con cierto compás de cuatro por cuatro, como si fuese un bailarín y todo lo de su alrededor siguiera su coreografía. Laura está bien. Se repite una y otra vez. Y a cada paso que da, más contento está. Laura está bien. Sólo le falta un coro de gospel que le acompañe dando gracias a Dios.
Mientras bailotea levemente, mira como cuatro hombres caminan con sus perros y tres canes pasean a sus amos. Juan observa a cada uno de los que pasean, y piensa en las historias que pueden encerrar cada uno de ellos, sus problemas, sus victorias, sus derrotas. Sus miedos y sus más oscuros secretos. Lo especial, original y singular que somos cada uno de nosotros. Para bien o para mal.
Lo que le parece curioso, es que todos comparten la misma sensación de soledad. Desde el que está paralítico empotrado en una silla de ruedas, al joven que juega en la barandilla con su monopatín. Seguro que una mujer tres metros más atrás, ha tenido una experiencia similar a Laura, o se ha llegado a operar de cáncer de mama. Podría haberle contado su experiencia y como se enfrentó a su dolor. Pero cada cual sigue su invisible senda empedrada. Vivimos en sociedad, pero morimos solos. Es curioso, vuelve a pensar Juan. Somos conocidos en un mundo de extraños. Si al final todos somos iguales. Compartimos las mismas historias.

Aarón ha llegado a casa sin golpear a ninguna paloma. Juan abre la puerta. La entrada huele a Nenuco. Laura está en casa. Se abrazan, se besan. Torremolinos, tortitas con miel, zapatos nuevos, música pop, arpegios de guitarra, Lisboa, se mezclan con la saliva del beso. La puerta se cierra.
-Qué asco. -Dice Aarón viendo como se besan sus padres.
Mientras, fisgonea en las bolsas de la mesa de la cocina- Evidentemente encuentra las pizzas.
Beicon, ternera y barbacoa, para Juan. Cuatro quesos para Laura. Y Jamón y piña para Aarón. No hay nada mejor como comer en casa. Los tres preparan las pizzas a su gusto, con más orégano, más tomate, y un poco de gusanitos en una porción para que Aarón calle con sus preguntas culinarias. Parece una de esas escenas felices de Coca-cola. Pero en casa de Juan en vez de Coca-cola, hay Té Verde marca Hacendado. Laura no quiere nada con gas. Nada más que las burbujas de la pecera del salón. Juan Luís llaman al pez.

Al terminar, Juan limpia la cocina. Esta vez sin refunfuñar. Laura baña a Aarón mientras practican las lenguas de los animales. Hoy toca el lenguaje de las ballenas. Juan se queja mientras friega el suelo. Ojala supiera hablar balleno.
Laura y Aarón se lo pasan en grande mientras juegan a ser cetáceos y mandar mensajes submarinos. Para hablar balleno es indispensable sumergir la boca y la nariz en agua. Las ondas sonoras lanzadas es una amalgama de saxofones, oboes, cornetas inglesas, guitarras, y pedorretas. Requiere de muchos baños y duchas para perfeccionar la dicción. Mientras se ponen en pijama repasan el pípi, el lenguaje de los pájaros. Los vecinos de arriba están hartos de las clases particulares a estas horas.

Juan baja la basura. Dos bolsas. Una, de botellas vacías para reciclar. Otra, con los desechos y porquerías del día. Que no lo son tanto para Ramón, que se lo encuentra de frente, el vagabundo alcohólico y ex -vecino del barrio. Juan suspira, y piensa que a Ramón le iría bien un par de clases de pípi, y hacerse amigo de algún pájaro para que le lleven volando a una nueva vida, lejos del vino y los container de basura. Lejos también, del recuerdo de la muerte de sus hijos y de su mujer. Mientras que Juan vuelve al portal, Ramón abre el cubo y busca la cena.

Juan sube por las escaleras e intenta calcular cuantas calorías tiene una porción de pizza y cuántos peldaños tiene que subir para quemarlas.
Se me está pegando esto de Laura, seguro. Mientras sube, Juan piensa en Ramón. A él seguro que no le preocupa las calorías. Ni las hipotecas. Juan reflexiona y dibuja en su rostro unas líneas de pena y desasosiego por Ramón. Afirma mentalmente: Voy a vender el coche. Voy a comprar uno de segunda mano. Y va ha sobrar un buen pellizco. Todo va ir mejor. Claro que sí. Mi familia no va a cenar entre la basura. Jamás.

Al entrar en casa, Juan escucha el principio del cuento que Laura narra a Aarón. En los cuentos de Laura puede aparecer el Hombre-Araña, como Neptuno, pasando por Hormigas gigantes. Lo admirable es que siempre hay una improvisada moraleja. Aunque la de esta noche se la pierda. Púes Juan se desnuda en el baño con la puerta cerrada. Aún conserva su vergüenza adolescente. Abre el grifo. No oye nada con los tímpanos taponados por el agua, los ojos se le cierran involuntariamente por las gotas que quedan atrapadas en las pestañas. El cansancio del día lo vence. Se lava los dientes.
Los azulejos del baño aun están húmedos y empañados. Se ha duchado, afeitado y secado el pelo con la toalla de los pies. A veces se hipnotiza con su propio reflejo mientras termina con el bote de desodorante. Se percata paralizado de ver como pasan los años sutilmente entre los imperceptibles días. Habla al tipo del espejo.
Mi piel ha envejecido, me creció bigote y perilla, mis ojos han menguado. Al final, sí que cambiamos. No hace mucho pensaba que iba a caber eternamente en el carrito de la compra de mamá. Dónde sentado me dejaba llevar hasta el Rastro. Me encantaba comer los madroños que un gitano vendía en un puesto de golosinas justo al principio de rastrillo. Después de un paseo entre el barullo de payos y gitanos, el carro se llenaba de toda clase de hortalizas y frutas de la temporada. La vuelta la hacia andando mondando una dulce mandarina.
Ya ha pasado unos años, y ahora vamos al supermercado. El que han puesto al lado de casa. Donde antes había unos arbolitos raquíticos y apenados, pero que conservaban la esperanza de que les bañara alguna reconstituyente lluvia. Pero en la ciudad las lluvias son escasas y murieron con la ilusión de la espera.
Los árboles fueron arrancados por la construcción del parking del centro comercial. Ron, era mi pastor Alemán, mi amigo. No dejó de ladrar impetuosamente a los rótulos fluorescentes del Centro Comercial. A Ron le encantaba oler esos árboles, los repasaba todo los días, se arrascaba y comía de sus hierbajos; los días de verano buscaba la sombra lánguida de sus anémicos troncos. Hasta que finalmente se lo despojaron. Eso fue lo que le deprimió. Dejó de comer, de ladrar, de jugar con su pelota de tenis. Hasta que finalmente murió de un suspiro de pena. Pobre Ron. Pobre árboles. No hay nada peor que te arrebaten lo que mas quieres. Hoy puedo dar fe de ello; si le pasara algo a Laura o Aarón, yo también moriría de un suspiro.

Juan sale del baño oliendo más a nostalgia que a champú. Se pone el pijama, ese de pantalones de los ochenta y camiseta de propaganda. Las luces de la casa están apagadas. El cuento ha terminado. Conociendo a la madre, las hormigas ganaron. Aarón duerme. Se oye el televisor de fondo y los pasos descalzos de Juan acercándose al salón. El pez dormita en su castillo, no oye nada. Laura esta tumbada en el sofá echándose crema en las piernas, “Almendras dulces” pone en el taro. Lleva una camiseta ancha, dos tallas más a la suya estilo dance. Es negra con unos líneas magentas, amarillas y azules, las costura están roídas por las polillas. A Juan le encanta esa camiseta, porque deja ver un hombro y el tirante del sujetador. Laura es su reina de Saba.
En la mesa hay tres velas aromáticas de chocolate. Las cortinas echadas. Los platos de la cocina se secan con el ambiente. Las llamas fragantes titilan dentro de los ojos de Laura. Separa los labios, y en voz baja dice:
-Gordo –hinchando las vocales- Van a poner una película. Y me han dicho las del trabajo que es muy buena. ¿Te apetece verla?
-No hay nada que me parezca mejor. ¿Sabes? Hoy estoy muy feliz.
-¿Por qué?- Lo mira con una sonrisa. Él es su Dandi.
-Porque hoy, al final. Ha sido un día cualquiera.
Laura besa armoniosamente a Juan. Degustan de la serenidad de la noche. Los besos son tranquilizantes como la valeriana pura. Los días cotidianos, a veces son, los más felices.
-¿Sabes nene? Me encantan tus ojos verdes –Dice Laura hechizada.
-Te los regalo. –Dice Juan entre beso y beso- Pero te los guardo yo.
Juan acaricia a Laura bajo las clavículas. Le dibuja un corazón en el pecho con el dedo. A ella se le eriza la piel. Las velas se apagan. Empieza la película.
-¿Cariño? –Pregunta a oscuras e interrumpiendo el clímax.
-Dime amor.
-Entonces, ¿El médico que te ha dicho que tienes?
Laura busca el mando a distancias a ciegas y baja el volumen del televisor.
-Un adenoma.
-Vaya nombre tan feo para una noticia tan buena…
Laura calla a Juan con un pico. Vuelve a subir el volumen. Los besos suenan mucho en casa, sobretodo, los días como hoy. Los de finales felices.

martes, 3 de marzo de 2009

Las ventanas temblaban y el viento chiflaba con fuerza, todo los vecinos miraban desde sus ventanas y balcones como el dedo de Dios revolvía todo lo que había a su alrededor. Es que déjenme que les diga que en Málaga no suele haber Tornados.
Por casa no pasó nada, pero a la mañana siguiente cuando fui a trabajar, había árboles cincuentenarios de raíces franquistas que estaban partidos y tirados en mitad de la calle, junto a contenedores y cubo de la basura. Bomberos y policías locales parecían trabajar y tomárselo en serio. Grupos de Asociaciones de Vecinos se reunían en el silencio de la tormenta, comentando los catástrofes provocados por el Avatar. Coches, ventanas, cornisas, motos y tejados quedaron requetebién jodidos.

Pero la verdad es que me parece bien que sucedan estás cosas –Que me perdone Victor, y no vaya a creer que le he deseado que una viga de hierro le atraviese el coche y desgarre su preciosa carrocería de cuero- Pero es cierto que siempre pensamos que las cosas suceden en el lado opuesto. El hambre, la guerra, los catástrofes naturales, son cosa de la tele de sobremesa. Y no.
No, caballeros y caballeras –arriba con el feminismo- Las cosas también nos suceden a nosotros y a nosotras. Y quizás una buena mañana, nos despertamos con el agua hasta los tobillos y con la ropa de la nueva temporada del zara empapada y encogida, por una riada que se esta llevando la casa a tomar por culo.
O que un inesperado tornado te rompa las ventanas y las haga añicos, causándote profundas heridas en las manos por los cristales rotos. Por lo cuál el medico te dice con voz profunda: Ya no podrá tocar el piano. Y pierdes tu trabajo de pianista en un pub chill-out. Y Marta, la camarera de la barra, ya no te hace felaciones a puertas cerradas porque ya no le pareces chachi. Dejas de cobrar el paro, tu vida se va arruinando y acabas tirándote por un espigón cuando enciendes la televisión y ves que esta vez, eres tú el protagonista desgraciado que la vida se le truncó de la noche a la mañana.

La vida prepara sorpresas. Algunas nos gustan. Otras no tanto.

Cuando recibí el e-mail del Teatro Cervantes para la figuración de Boris Godunov de la Fura dels Baus. Abrí los ojos tanto como una cabra asomada a un monte. Genial pensé.
Volví a pisar las tablas de aquel maravilloso escenario. Volví a ver a las mujeres de vestuario remendando faldas y haciendo bajos para alguna Opera espectacular.

Fui un terrorista más que secuestra a novecientas personas en Moscú, luchando por la libertad de mis compañeros. Por mi patria. Por Chechenia. Con bombas, armas y mala leche encarné aquella situación de terror, que alguno que otro del público se lo tomo demasiado mal, saliendo del Teatro con ataque de ansiedad, confundido por lo real y lo ficticio.
Aprendí mucho con la Fura dels Baus. La seriedad, el disposición, y la concentración del actor. Si es que parece que tengo que estudiar las Oposiciones de Bombero para ejercer de Actor. El mundo siempre está del revés.
Aunque ahora estoy bastante entretenido con el Catalogo de Moda. Donde los chavales sueñan con ser famosillos autóctonos. Que alguien vea el album y diga: ¡Eh, ha este lo conozco yo!
Y es que a todos, en cierta medida, nos mola que te cagas el faranduleo. Y que se calle el bohemio de turno y diga que no.

Hace una semana me llamó un amigo de la Escuela de Arte Dramático (ahi hay algun bohemio que otro) Que tenía un papel para mí. Lo tuve que rechazar, me quitaba demasiado tiempo para los estudios.
Y es que aunque lo tuviera, las clases son agotadoras, ahora mismo estoy dando Matemáticas y Física. Que si energía cinética, que si Newton, que si el golpe de Ariete… Me hago cada paja mental, que el sábado empiezo con las clases particulares.
Entre la teoría de la continuidad (Q= S1·V1=S2·V2=S3·V3=Constante) de mis apuntes, esbozo una mujer en las esquinas de la libreta. O escribo alguna frase poética que se me ocurre al instante. "La saliva de tu boca, fue el jarabe que calmo mi voz y me hizo callar". La recorto, y la paso al Word, y la pongo en los labios de Eva, un personaje de treinta años que ha descubierto que su novio esta casado. Encima pierde el mando a distancia el mismo día. Depués de unos meses incrustada en su sofá tomando flores de Bach, decide ir a por pilas. Y estalla un epopeya que le salva de su depresión. Y que de paso, ahuyenta la mía.

Y es que esta oposición me esta quitando todo mi ocio. Llevo meses agriado del trabajo a la biblioteca, o a la academia. (Por eso no escribo en el blog) Hay días que me entran ganas de mandarlo todo a la mierda. Y montar un Kebab al lado de un butique de ropa de barriada. Y fumar crak con Maruja. La dueña de la butique.
Pero sé, que no hay gloria sin sacrificio, y como dice Nacho, mis sueños son mentiras que algún día dejaran de serlo. Y la verdad, que la vida de un bombero es una vida digna de emular. Aunque eso conlleve unos años de esfuerzo y un camino lleno de guijarros.
Mis amigos están también liados con sus novias y sus trabajos y hay dias que me faltan. O demasiados ocupados viendo Europa. Como está Juan José.

Wao -asi es como lo llamamos- es mi amigos de la infancia. Lo conozco desde los nueve años. Su parte izquierda del cerebro es la predominante, mientras que la mía es la derecha. Así que nos complementamos bastante bien. El necesita de mi y yo de él. Cuando la vida se nos hace incomprensible, nos ayudamos didácticamente con consejos difíciles de olvidar. Ahora ronda por Suecia. Un abrazo compadre.
Mientras el trota por el mundo, yo espero impaciente el curso de Buceador Profesional. Dura poco y me quitará de la rutina y un poco el hecho de menos tal. Tambien voy a la piscina, a reciclarme un poco y no tener que ir con manguitos el día del curso.
Lo que me gusta de entrenar en la piscina -Ya que también tengo que hacer 100 metros en 1’30 segundos para las pruebas fisicas de los bomberos- Es que cuando estoy abajo, entre burbujas No pienso abosulutamente en nada. Solo en nadar. Vacío mi mente. Bueno mentira, si que me pregunto algo: ¿Existirá algunas gafas que sean cómodas y no me saquen los ojos?

El otro día en la piscina –y lo siento mucho- me dio un repelus tremendo cuando vi, a un hombre con un tumor en el pecho del tamaño de la cabeza de un recién nacido meterse en el agua que minutos más tarde iba a sumergirme yo.

La verdad que es una putada. Como lo que le pasó a Luque. Luque es el dueño de la tienda de chucherías y prensa y de-todo-un-poco de mi urbanización. Lo conozco desde que tengo dientes y puedo comer chuches.
Con Luque mis amigos y yo, aprendimos mucho. Cuando estábamos solos, nos dejaba ver las revistas pornos con él. Comentaba las fotografías importándole bien poco que tuviéramos diez años. De él aprendí que hay mujeres que se ponen cachonda cuando les introduces un dedo en el ano durante la penetración.
Cada año, Luque, se va de vacaciones durante un mes. Brasil, Tailandia, Alemania, Cuba etc. Y vuelve renovado como cualquier otro autónomo después de unas buenas juergas y guateques privados en casa.
Pero hace meses, que la tienda sigue cerrada. Qué ya pasó las vacaciones. Así que pregunté a mamá que qué pasaba con él. Luque se muere hijo. Tiene cáncer.
La puñetera muerte de los cojones. Ultimamente se muere gente que antes no se moría.
Mejor es centrarse en la vida. Y más ahora que voy a ser ¡Tito! La verdad que estoy ilusionado por el nuevo miembro de la familia. Aun falta ocho meses para su incorporación. Pero todo estamos imaginando como será. La verdad, que no tengo muy claro cuál es mi papel. Supongo que soy el antagonista del Padre. O sea, si mi hermano es duro con él y, por ejemplo, no le deja beber alcohol. Yo le dejaré que beba de los culos de mis Gin-Tonic. O si es blando, yo seré el maligno semsei que le instruya. Y cuando cumpla los dieciocho años, le dejaré en mitad de Campanilla -Pueblo de las afueras- para que vuelva a casa solo. Sin teléfono movil, ni dinero. Demostrando que tiene cojones y que es un hombre. Y cuando llegue a casa después de unas horas andando, podamos brindar con copas con sangre de cervatillo -que tendrá que matar el mismo- la celebración del final de su adolescencia.

Con la noticia de mi futuro sobrino, me estoy poniendo al día con dvds, del maravilloso momento que es el embarazo. Y cuando los veo, me pregunto cómo la gente no cree en la vida después de la muerte. Si lo raro es que haya vida.

Que yo me convierta en tito, está bien. Pero que mis padres sean abuelos me da algo de sentimiento. No sé, padezco una amalgama de sensaciones hacia la vida, que jamás he sentido. será que estoy madurando. Digo yo vamos.
Así que si entras en mi habitación, no es de extrañar que me veas emocionado bailando a oscuras eso de I’ve been loving You too Long con una chica imaginaría que perdone lo capullo que soy a veces por ser un pirado de la vida, por querer vivir como un héroe y morir como un poeta.

Porque bailar a oscuras, es formar parte de la vibración del universo. Y eso es de gente madurisima. Digo yo vamos.

martes, 27 de enero de 2009

Estos días


Sí ya sé, que esto ya no parece un blog, que dónde me meto y qué pasa con mi rollo. Bueno pues nada he estado bastante liado. Estos fines de semana atrás empecé a colaborar en cátalogo de peluqueria/moda. Y todo fue genial.



Yo soy el del sombrero, el que esta cogiendo el condón gigante, que tambien vale de difusor para el flash.


El escenario es una nave perdida de la mano de Dios, dónde los vampiros hacen paella y concursos de sofritos.

martes, 9 de diciembre de 2008

COFF COFF...Ains que malito estoy.

Esta semana he estado fatal, me ha cogido un virus y me ha puesto de patitas a la cama. Allí fermentandome entre las sábanas para convertirme en un tipo más delgado, más feo y más apestoso.
Mis flatulencias eran el sahumerio de alguna misa a Satán. Alguna guerra santa se estaba enzarzando es mi vientre, y yo solo podía doblarme de dolor.

Son eso los días, es que no eres mucho más hombre que algún tipo de la Edad Media que moría de paperas, o por una muela picada, o por comer algo podrido.
Son esos días que si tienes novia, pasas por una prueba de fuego.
Estar malo, es esencial para una relación. En esos días se pasan gestiones importantes conyugales.

Que si tráeme un revista del kiosco, que si hazme un té. Que si veo una peli contigo, que si te pongo la mano en la frente. Si es así todo va bien. Lo malo es cuando te miran desde la puerta y te saludan desde lejos como hizo mi hermano. Solo faltaron ajos y una estaca para hablarme con más seguridad.
Estar malo es como un baremo de amor. Cuanto más se acerquen a ti, más te quieren importandoles un comino tu halitosis ( y el coñazo que das)

En fin pero como estoy only, tenia que enfrentarme a este virus yo solito, sin el amor sensual de una woman.
Pues nada entre jarabes y pastillas intenté disfrutar de mi yo no-apto. Disfrutar del dolor, del sufrimiento del ser.
Y así fue como tiré todo mis libros de Osho. Venga por favor, de mi yo-no-apto no disfruto ni yo. Y encima cuando voy al medico me dice que es:

-Un virus.

-Es un alivio, pensé que estaba ovulandoJoder ya sé que es un virus. Pero porqué, cómo, ha que es debido. ¿A utilizar la misma cucharada para todo? Contéstame Doctor.

-Es un virus.

Me fui y a mi casa y allí morí durante unos días. Es gracioso, esto me recordó a un chiste que dice:

-Doctor me encuentro mal, no sé que me pasa...
-Pues toma estas pastillas, que no sé para que son.

Si la vida es así, una gilipollez constante, sin sentido ninguno. Hoy he dejado te tomar el jarabe, porque sin sentido me iba a dejar, pero de verdad. Tenia más efectos segundarios que la bomba de Chernóbil. Que si parálisis parcial, que si rigidez en el cuello… Anda ya ni Osho, ni jarabes, un té y se acabó.

Y con esto acabo, un beso baboso e infectado para todos. Porque sé que me queréis.

Wajajáa.(Risa malévola)

miércoles, 3 de diciembre de 2008

del Señor Ärbol la Lente, de Grindo la Luz, del Mono la Forma.

dale a la fotico y me verás el moflete mejor ; )

Por ejemplo, si hay de comer sopa, y luego tengo… no sé… natillas de postre. No cambio la cuchara. La “rechupeo”. Y ala. ¿Ya soy un guarro por eso? Tampoco me peino para ir al trabajo y estos tipos de detalles le molesta a la gente. ¿Os molesta eso a vosotros?

No recuerdo bien, si os comenté que me cogieron ( y a Faboo) para un rollo de modelos capilares para unos estilistas y tal.

Es que resulta que el otro día estuvimos haciendo fotos, probando los reflectores, buscando escenarios, poniendo cara de tío-guapo y esas cosas mundanales que todo el mundo critica pero tambien envidian la parafernalia de la moda.
El señor Árbol, Grindo Alfonso y yo comentábamos ideas, buscábamos luces y sombra para que todo saliera como ha de salir: Chachi Piruli.

No pensaba mostrar nada, para que no me tacheis de narcisista o egocentrico. Pero joe, sino pongo fotos de mi en mi propio blog, tú me dirás qué pongo. ¿Las de mi tio Paco?

Bueno aquí tengo una de las fotos. Al final voy hacer de todo menos ser bombero. Jaja. ¿Quizás pueda algún día ser Chupador de Cucharas?

jueves, 27 de noviembre de 2008

SIGO ESTANDO AQUI.

Vivo y coleteando. Aunque ya llevo meses sin estar con ustedes, escribo para mi, y para los que han deambulado por aquí a la espera de alguna nueva entrada. Hoy he decido dar señales de vida. No muy luminosas ni espectaculares. Pero que aun así, iluminaran estos meses de oscuridad en el blog.

Escucho a Elvis y bebo cerveza cero. Sí, a Elvis, yo tampoco sabía que era bueno de verdad, con clásicos como “ Can’t help falling in love with you” y escribo una breve sintasis de estos días:
¿Recordáis el cortometraje? Todo apunta que en diciembre se empezará a montar. Y bueno, sobre el tema artistico, me ha llamado para un adaptación de la Furia del Baus. En el teatro más importante de Málaga. En El Cervantes. Donde anualmente se celebra el Festival de Teatro, donde si estas atento puedes ver caras de famosos, famosillos y fanfarrones del gremio.
He acabado un relato corto que llevo a concurso. Ya lo colgaré por aquí.
Mi novela, sigo en ello, escribo párrafos y personajes, ordenando, borrando y cortando. Esto me llevará media vida. La otra por supuesto son los bomberos.

Vaya giro a dado mi vida. Quizás vaya a vivir como un héroe y morir como un poeta. Eso espero, porque le estoy dedicando mucho tiempo a los Apaga-fuegos. No me disgusta, pero a veces temes las opciones elegidas. Pero de momento soy feliz y estoy tranquilamente nervioso por mi futuro.(Como todo el mundo)

En fin tengo mucho que decir y poco que contaros. Asi que no quiero divagar y aburriros. Colgaré el relato corto, y os contaré como va el Cortometraje. Tambien lo colgaré por aquí.

Buenas noches, me voy a la cama ya. Estoy cansado y tengo que hacer apetito para mañana. Para mi “sombra” de tres dedos de café y leche. Y mi mixto calentito. En Málaga un mixto, no es una cerilla, ni tampoco una tostada con mermelada con matequilla como pasa en Granada. Un Mixto es jamón york, queso fundido y mantequilla con sal untada en pan de molde… Me encanta comerlo en los bares porque en casa nunca los como así porque…..


En fin que buenas noches. Cada mono a su árbol.